Eduardo tiene una esposa cómoda. Hace un solomillo de muerte, plancha a la vez que le dice “buenos días, amor” y le abre las piernas los martes y los sábados. Eduardo debe ser feliz, claro. Lo dicen todos. Lo dice incluso él. Se lo repite a sí mismo, sobre todo, cuando se cruza en la oficina con el destello de los ojos de Sandra. Aunque a él le gusta llamarla Sandrita.
Carmela lleva un pañuelo rojo y un collar de cuentas. Vicente debíera haber llevado camisa a rayas y americana, pero no se ha presentado.
Virtudes y Daniel ya se dan la mano. Y a Virtudes su trabajo le ha costado. Daniel es esquivo, pero últimamente le da por quererla en público. Hace un rato, al paso de Juan el del telar, reconocido y vapuleado maricón del pueblo, le ha plantado en los morros un beso de tornillo. Virtudes sonríe. Daniel aprieta los dientes y traga saliva. “Por mis cojones me convierto”.
A Ramón hoy sólo le ha apetecido hablar con Tania. Le ha dejado los acostumbrados 50 euros encima de la mesa y al salir, le ha dado un beso en la mejilla.
Gabriela regala orgasmos fingidos a un batiburrillo de amantes. Susana se pasa la vida persiguiendo en un montón de estúpidas canciones el rastro de alguien que alguna vez – dice ella - estuvo.
Carmela lleva un pañuelo rojo y un collar de cuentas. Vicente debíera haber llevado camisa a rayas y americana, pero no se ha presentado.
Virtudes y Daniel ya se dan la mano. Y a Virtudes su trabajo le ha costado. Daniel es esquivo, pero últimamente le da por quererla en público. Hace un rato, al paso de Juan el del telar, reconocido y vapuleado maricón del pueblo, le ha plantado en los morros un beso de tornillo. Virtudes sonríe. Daniel aprieta los dientes y traga saliva. “Por mis cojones me convierto”.
A Ramón hoy sólo le ha apetecido hablar con Tania. Le ha dejado los acostumbrados 50 euros encima de la mesa y al salir, le ha dado un beso en la mejilla.
Gabriela regala orgasmos fingidos a un batiburrillo de amantes. Susana se pasa la vida persiguiendo en un montón de estúpidas canciones el rastro de alguien que alguna vez – dice ella - estuvo.
Y Joaquín. Joaquín simplemente está solo.
